Lío fue a la cancha a ver el partido y a oficiar de capitán. Su compañero Manuel Lanzini, también lesionado, se sentó a su lado, a sufrir la impotencia del hincha. 

En estos días, previos al amistoso frente a España, Sampaoli dijo que no era su equipo sino de Messi, así que el aludido no miró para otro lado y habló con ellos en el entretiempo. Según Andrés Eliceche para La Nación, "su mensaje se centró en la parte positiva de lo que había observado: que siguieran jugando juntos, sin separar las líneas porque que lo estaban haciendo bien así (la posesión en la primera parte fue equitativa). Que tocaran la pelota porque eso es lo que a los españoles más les molesta: que les paguen con su propia receta. Que no se pusieran nerviosos con el toqueteo, que no perdieran concentración. "Sí que habla, eh. Aunque desde afuera parezca callado, tímido, nada que ver", amplía uno de los que presenció ese ratito de Messi frente a todos."

En el segundo tiempo, las posibilidades de darlo vuelta se disolvieron. Tal vez porque la charla no surtió efecto, tal vez no se entendió la propuesta o como instrumentarla, o tal vez el enfoque fue netamente erróneo. En la conferencia de prensa, Sampaoli se echó la culpa a sí mismo, como corresponde al responsable de un equipo. 

 

 

Faltando 12 minutos para terminar el partido, Lio abandonó el palco definitivamente. Esperó a sus compañeros en el vestuario para intentar darles ánimo: "Levanten la cabeza. Esto lo vamos a sacar adelante juntos".

Las palabras del capitán fueron al punto, sin largas, sin falsas esperanzas. Hay mucho que trabajar.